Más desinformación

Más desinformación



La verdadera desinformación no es informar poco sino informar mal distorsionando. La cámara de televisión entra fácil y libremente en los países libres; entra poco y con precaución en los países peligrosos y nunca entra en los países sin libertad.

Es comprensible que no se pueda imputar a la televisión que no muestre lo que no puede mostrar. Pero tiene que imputar a la televisión el hecho de avalar y reforzar una percepción del mundo basada en dos pesos y dos medidas enormemente justa y distorsionadora. Aunque sea de un modo involuntario, la televisión penaliza a los hombres libres y protege a los países sin libertad en los que las dictaduras gobiernan matando. Las falsas estadísticas son resultados estadísticos falsos por la interpretación que se les da, esta clase de falsedades se ejercita también la prensa; pues la televisión las ha impuesto como dogmas.

Así finalmente, es la voz del pueblo la que se hace oír, pero es una falsedad absoluta. Dejemos de lado la que se hace oír y el hecho de que las entrevistas están siempre precocinadas como oportunas distribuciones.
Además de falsas estadísticas y entrevistas casuales la desinformación se alimenta de dos típicas distorsiones de una información que tiene que ser excitante a cualquier precio: premiar la excentricidad y privilegiar el ataque y la agresividad. Las mentes vacías se especializan en el extremismo intelectual y de este modo adquieren notoriedad; el resultado de ello es una formidable selección a la inversa.



Privilegiar el ataque y la agresividad puede suceder de diferentes modos: la televisión americana es agresiva en el sentido de que el periodista americano se siente revestido de una función crítica. La televisión llega siempre con rapidez a lugar donde hay agitación, alguien protesta, se manifiesta, ocupa edificios, bloquea calles y ferrocarriles, en resumen ataca algo o a alguien.

El aspecto más grave de esta preferencia espectacular por el ataque es que viola en sus más hondas raíces, el principio de cada convivencia cívica: el principio de oír a la otra parte. Donde hay una acusación también tiene que haber una defensa. La pantalla se llena de manifestaciones, pancartas, personas que gritan y lanzan piedras y tienen razón en las imágenes porque a su voz no se contrapone ninguna otra voz. En la red de información es todo circula, por tanto información, desinformación, verdadero, falso, todo es uno y lo mismo, incluso un rumor, una vez que ha pasado a la red se convierte en información.

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